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Derecha tradicionalista ataca

Perú: el fantasma de la independencia

Fecha de publicación: 22 marzo, 2012

Un fantasma recorre el Perú. Representantes, como el ex canciller Tudela, o admiradores públicos, como el actual premier Valdés, del fujimorismo, encabezan una virulenta ofensiva mediática para pedir la cabeza del Canciller Roncagliolo por lo que llaman un “papelón”, una “desinteligencia”, que “pone en riesgo la relación con el Reino Unido”.

Se refieren a la cancelación del arribo a puerto peruano de una fragata militar inglesa parte de la ocupación de las islas Malvinas argentinas, cuando ya venía en camino y después que el ejecutivo había solicitado y obtenido del Congreso autorización para ello. Las razones esgrimidas públicamente para la cancelación hablan de los costos que para Perú tendría esta medida, no sólo con Argentina, sino con toda la UNASUR en pleno, que agrupa a los doce países del continente y ha tomado decisiones formales en apoyo al reclamo soberano de Argentina en esta cuestión.

Sin embargo, la reacción destemplada de los tradicionales sectores dominantes de la política peruana, encabezados por el fujimorismo, aparece desmedida y no se explica por la frustrada visita de la nave militar extranjera. Tampoco por los argumentos que se dan públicamente. Más aún cuando la encabezan representantes y simpatizantes de un ex gobierno cuyo líder y presidente está preso por crímenes y robos contra el Perú y que en el colmo de la negación de los intereses nacionales sacó debajo de la mesa, ante la opinión pública del mundo, una nacionalidad extranjera, japonesa, para evadir sus responsabilidades ante la Nación.

El temor por alejar los cerca de 4.500 millones de dólares ingleses en Perú, se diluye ante el hecho de que se trata de capitales privados, no estatales, y que como bien se ha señalado, no invierten por filantropía sino por las suculentas utilidades que de seguro no querrán dejar de obtener por el reclamo de unas islas a nada menos que 8.000 kilómetros de distancia del “reino”. Por el contrario, los países de UNASUR, que sí hacen inversiones estatales o mediadas por los estados, y que muy probablemente sí se verían afectadas por una política peruana que rompa los acuerdos del bloque en esta materia, representan cerca de 50.000 millones de dólares, más que 10 veces el monto de las ahora inapreciables inversiones inglesas. Un caso notable de dislexia matemática o ideología nublando los negocios.

Se argumentan entonces las malas acciones y rencores con Argentina, con un énfasis que haría palidecer las matanzas de siglos, incluyendo dos guerras mundiales, entre alemanes y franceses, hoy pilares de la Unión Europea. Argentina vendió armas a Ecuador cuando estaba en guerra con Perú, recuerdan. Olvidan mencionar que fue un acto de corrupción, como aquel en que Montesinos, jefe de inteligencia de hecho del gobierno al cual representaron y admiran, vendió armas a la guerrilla colombiana. Más aún, se realizó durante el gobierno argentino de su par y hermano ideológico neoliberal, Carlos Menen. Los gobiernos progresistas argentinos posteriores han pedido disculpas públicas al Perú por el hecho. Tampoco se recuerda que fue Inglaterra la que digitó y armó a la oligarquía y estado chileno para la guerra de agresión y saqueo contra el Perú, usufructuando luego del salitre obtenido, generando un daño económico y moral histórico al Perú. Guerra cuyas consecuencias están vigentes como lo prueba el actual diferendo limítrofe en la Corte de La Haya. La memoria selectiva puede ser conveniente, pero no convence.

Entonces podría tratarse de otra siempre bien aprovechada oportunidad, ya que se recibió esta derrota política, aprovecharla y usarla para sacar al Canciller, uno de los últimos personajes progresistas que va quedando en el gobierno y que no es del gusto de las élites neoliberales hegemónicas. Pero eso no explica la sincera e irrefrenable ira y hasta dolor demostrada por estos sectores. ¿Qué hay detrás entonces?

Adquiere fuerza la explicación psicológica e histórica. Se trata del fantasma traumático de la independencia, del cual nunca se ha recuperado del todo la élite dirigente peruana. Arrasado salvajemente el movimiento encabezado por Túpac Amaru, muertos en el exilio los jesuitas independentistas como Juan Vizcardo y Guzmán, condenados a la marginalidad los independentistas incómodos como Faustino Sánchez Carrión, disciplinados y en la ignorancia los sectores populares, la oligarquía colonialista peruana había logrado dejar las amenazas políticas y sociales de la independencia fuera de su territorio, controlado férreamente como un bien dirigido latifundio. Y en ese cielo sereno cayó el rayo terrible de las fuerzas independentistas del continente, desordenando y amenazándolo todo, al menos por un tiempo. En una ironía histórica, el asunto de la fragata inglesa viene a repetir en lo esencial ese escenario, removiendo y despertando los más atávicos temores, dolores e iras de la actual élite hegemónica, heredera y continuadora de aquella. Al igual que entonces, cuando todo marcha bien y controlan de nuevo el latifundio, ahora neoliberal, autoritario y dependiente, dejando afuera las amenazas democratizadoras y soberanas que recorren el continente, fuerzas continentales vienen otra vez, sin permiso, a forzarles medidas soberanas y de integración. ¿Puede haber algo más doloroso?

Al igual que entonces, en que se hablaba de “intervencionismo extranjero” al referirse a las fuerzas independentistas del continente, mientras se defendía la dominación colonial de España, ahora una fragata militar inglesa se ha convertido en símbolo de la soberanía, no peruana, sino de esta recalcitrante oligarquía neoliberal y su dominio absoluto sobre su latifundio peruano. Esperemos entonces que se trate de un nuevo “Junín” y trabajemos por un nuevo “Ayacucho”.

Última modificación: 5 de julio de 2012 a las 10:56
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