Ingresar

Pasar de las fronteras a los puentes: una cuestión de humanidad

Fecha de publicación: 17 septiembre, 2010

72 seres humanos, hombres y mujeres, asesinados y abandonados en el desierto, en la frontera de México con los Estados Unidos. No hay novedad. Hace cerca de un año se hizo público el listado de 13.250 migrantes muertos entre los años 1993 y 2009, intentando alcanzar algo del esquivo sol de la prosperidad de la fortaleza europea (United for intercultural Action: 2009). Al norte global lo rodea una grieta de muertos, heridos y mutilados, en la ruleta rusa contra sí mismos que juegan para alcanzar el sueño de las oportunidades.

“Patria es humanidad, es aquella porción de
humanidad que vemos más de cerca y en que nos tocó nacer… por lo que, de modo especial, allí está obligado el hombre a cumplir su deber de
humanidad”
.
José Martí

Ricardo Jiménez, Grito de los Excluidos/as Chile

Periódicamente, los
organismos internacionales especializados claman en el desierto de las
conciencias del poder por la ya sistemática y estructural violación de
los derechos humanos de los migrantes, los nuevos parias de la
pretendidamente inevitable economía capitalista neoliberal, en crisis
pero aún dolorosamente hegemónica y operante.

El hecho de que este nuevo horror aparezca en suelo mexicano, no
puede ni debe ocultar la mayor responsabilidad del más poderoso. La
política de Estados Unidos de “desplazar” de hecho sus fronteras,
amagando la soberanía al condicionar la supuesta “ayuda” económica a los gobiernos de países vecinos como México y Guatemala a su compromiso de
detener la migración irregular en sus territorios, ha generado
verdaderos vía crucis infernales en esos países para los migrantes,
quienes sufren ahora abusos, maltratos, robos, violaciones sexuales y
aún muerte, a manos de mafias delictuales, “maras”, y de funcionarios
corruptos y abusivos, mucho antes de acercarse siquiera a los EE. UU.
Procesos que convierten a muchas de las actuales fronteras
internacionales en nuevas “tierras de nadie”, ante cuyas violaciones de
los derechos y la dignidad humana, aparecen “pálidas” aquellas que
hicieran famoso al muro de Berlín hace unas décadas atrás, cuando los
olvidadizos gobiernos del norte global que hoy día levantan criminales
muros eran públicos propagandistas del derecho a circulación y
residencia.

¿Es acaso necesario e inevitable que el principio de regulación e
institucionalidad sea incompatible con el de humanidad? ¿Está condenada
la especie humana a que le sea imposible organizarse sin cometer
crímenes contra sí misma? ¿Su desarrollo histórico y de conciencia no
ofrece disyuntivas, posibilidades de caminos alternativos? Ningún
espacio muestra más descarnadamente el crujir estructural histórico del
actual orden mundial, ni pone con más urgencia estas interrogantes en la conciencia humana, que las fronteras. Frente a una humanidad que crece
en tanto práctica y conciencia de una sola comunidad de destino, la
obsolescencia e inadecuación de estas políticas sólo puede asumir por
contrario la forma de la inhumanidad, de la deshumanización.

Ya la sola mención de la palabra da miedo: “Frontera”. Los precisos
bordes territoriales donde la administración de cada Estado nación se
ejerce y el tamiz a través del cual se des-ciudadaniza aquel que entra
al territorio de un Estado nación del cual no es nacional y por tanto
tampoco ciudadano o menos ciudadano. Lejos de ser lugares de encuentro e integración, aparecen como zonas hostiles para los pobres y excluidos
que buscan desesperadamente la inclusión; donde la sospecha y la
desconfianza recaen sobre el que llega; donde mafias de traficantes y
tratantes de gente esperan a las víctimas de la exclusión para
explotarlas laboral o sexualmente o usarlas como “burreros”
transportadores de droga; pandillas delictivas, “maras”, los violentan
para robarles, o violar sexualmente a las migrantes; bandas de caza
migrantes los golpean, entregan a la policía o simplemente los asesinan; y algunos funcionarios o policías los extorsionan, abusan o
discriminan; donde mueren de sed en los desiertos, quebrados al caer de
muros y rejas, mutilados por trenes en marcha de los caen extenuados,
pisoteados en el tumulto,  ahogados en los ríos, o arrojados al mar por
los traficantes antes de ser descubiertos por la policía, que puede
abandonarlos sin alimentos ni abrigo en plenas pampas andinas, sin
alcanzar el suelo ajeno que los medios masivos de comunicación,
contradictoriamente, insisten en mostrar como una tierra de
oportunidades para todos.

En las grietas de esta inadecuación de las políticas restrictivas,
los poderes fácticos del crimen organizado crecen casi inconteniblemente con nocivas influencias en los aparatos públicos a los que tienden a
volver corruptos, ilegítimos y débiles, deteriorando al conjunto de la
institucionalidad democrática. Es el sórdido, pero rentable, negocio de
la desesperación humana. Es el caso en Latinoamérica del turismo sexual y el servicio de burdeles a bases militares, especialmente
norteamericanas, muchas veces con la cooperación de éstas, que  abren
mercados a la prostitución forzada. Y de la emblemática Ciudad Juárez en Chihuahua, México, fronteriza con los Estados Unidos, donde centenares
de mujeres jóvenes y pobres han sido brutalmente asesinadas en los
últimos años en completa y pública impunidad.

Sin embargo, todos estos han de ser dolores de parto. Las heridas que deja en la piel de la humanidad una política migratoria que le queda
cada vez más estrecha y deviene en criminal. En las mismas fronteras
internacionales, donde la crisis se muestra más aguda e incontrolable,
están también las potencialidades para aportar a la construcción de una
nueva, legítima y eficiente regulación. Convertir las fronteras en
espacios de encuentro y humanización de los flujos e intercambios
migratorios es la única alternativa viable frente a aquellas crecientes
amenazas. Pasar de las fronteras a los puentes que faciliten ese proceso es un paso imprescindible. Las alternativas para ello son múltiples y
reclaman precisamente una actitud creativa, de elaboración de lo
necesario, teniendo como horizonte de futuro la construcción gradual de
espacios de integración regional donde las fronteras simplemente
desaparecen como límites centrados en el control, para avanzar
finalmente al planeta entero como espacio de libre circulación,
residencia y trabajo para la humanidad.

Esto que ya está prefigurado y en construcción, aunque enfrentando
innumerables obstáculos, es ya no sólo una tarea histórica sino un deber urgente de humanidad.

Fuente: Secretaría Grito Continental
Última modificación: 12 de enero de 2011 a las 14:43
Hay 0 comentarios
For security reasons you need to type the text displayed in the following image <img src_="/captcha/image/e6fb42380f26f313596a8f64a15585ea25f46248/" alt="captcha" class="captcha" /> <input type="hidden" name="captcha_0" value="e6fb42380f26f313596a8f64a15585ea25f46248" /> <input type="text" name="captcha_1" />