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Algunos Ecos del IV FSM Quito 2010

Derecho al Arraigo

Fecha de publicación: 15 octubre, 2010

Desde hace bastante tiempo, venimos sosteniendo desde “El Grito de los Excluidos” en Argentina, de la trascendental importancia que tiene el Derecho al Arraigo para nuestros pueblos, como también para el tema Migraciones, si es que se desea tener una mirada total sobre la problemática que nos ocupa.

Cuando me tocó intervenir en el panel “Migración:
Desarrollando la integración de los pueblos”, aproveché la oportunidad para 
introducir el tema del Derecho al Arraigo y comencé señalando que, si
revisábamos cuidadosamente el importante programa del IV FSMM, no
encontraríamos mención alguna sobre el Derecho al Arraigo, salvo la referida al
reclamo del Pueblo Palestino por el derecho de volver a su tierra.

Desde hace bastante tiempo, venimos sosteniendo desde “El
Grito de los Excluidos” en Argentina, de la trascendental importancia que tiene
el Derecho al Arraigo para nuestros pueblos, como también para el tema
Migraciones, si es que se desea tener una mirada total sobre la problemática
que nos ocupa. Confesé que no habíamos tenido hasta ahora mucho éxito, no
habíamos logrado introducirlo en el Foro anterior y recién en el documento del
Grito de los Excluidos Continental, que diéramos a conocer en esta oportunidad,
se lo incluyó entre los ejes relevantes de los temas a considerar. Decíamos
también, que solo el esfuerzo y la constancia  de nuestra compañera del
Grito en Argentina Susana Merino, editora responsable de nuestro Boletín
Quincenal, en donde en alguna oportunidad publicara el texto que a continuación
compartiremos, hizo que continuáramos perseverando en la defensa de este
derecho verdaderamente humano.

Pero antes debo reconocer, que ahora de alguna manera
comenzó a señalarse el tema del derecho al arraigo, cuando Luiz Bassegio 
habló en nombre del Comité Internacional del Foro y al día siguiente en el
Coliseo de la PUCE, Alberto Acosta al exponer en el primer Seminario Central
del Foro al hablar sobre “Crisis globales y flujos migratorios”. Cuando afirmó
que “.... es bueno el derecho a migrar, pero mejor es garantizar la permanencia
de los pueblos en su territorio”.

Comenzábamos con el siguiente relato…

Un médico hondureño de  familia aborigen contaba
en un relato que su abuela solía decir que el hombre es del lugar adonde
entierran su cordón umbilical y que el suyo había sido enterrado junto a un
árbol típico de la región, lo que de alguna manera claramente significa el
arraigo del ser humano a su lugar de origen.

La mayor parte de las migraciones son desde siempre producto de la
miseria, agravada en nuestros días por el acoso del hambre, de la falta de
fuentes de trabajo y de mínimas perspectivas de supervivencia que impulsan a
individuos, familias y hasta comunidades enteras a buscar la subsistencia lejos
de la propia tierra. Pero nadie se esfuerza por encontrar respuestas
humanamente aceptables a una situación cuyas causas de ser coherentes con sus
principios nuestra civilización judeo-cristiana debería condenar severamente y
tratar de revertir.

Por el contrario antes de buscar los medios para solucionar los
problemas en su origen, antes que en remediar las causas de las que son
principalmente responsables, los políticos y los gobiernos se centran en atacar
las consecuencias  que les son incómodas  y para ello sí no escatiman
esfuerzos.

Tal el caso la creación en 2004 en Europa de una sofisticada fuerza
policial denominada Frontex, cuyo objetivo es vigilar con sus 115 barcos, sus
27 helicópteros, 21 aviones.  400 radares y sus instrumentos de visión
nocturna, vigilancia y comunicaciones toda tentativa de “inmigración ilegal”
como si los seres humanos pudieran ser considerados como productos de
contrabando, en lugar de dirigir esos esfuerzos económicos a resolver sus bien
conocidas causas y no sus no deseados efectos.

Esa políticas junto a la Directiva retorno no hace mucho aprobada por
el Parlamento europeo condena a la expulsión a los inmigrantes que sorteando
los más duros escollos logran ingresar al continente europeo y que más que
castigos merecerían lauros como los deportistas que con menores riesgos para
sus vidas triunfan en las carreras de obstáculos.

Con un cinismo mayúsculo los países del hemisferio norte eluden la
responsabilidad que les cabe  en la expoliación de las riquezas de los
países que se convierten así en expulsores de población, en las políticas de
ajustes estructurales, en  los tratados de libre comercio cuyas
condiciones es harto sabido son por lo general simplemente expropiatorias. La
experiencia europea de los años 60 y 70 puede ser un ejemplo, sin embargo, de
cómo  la voluntad política puede  revertir esa afluencia
inmigratoria. La oleada hacia la Europa industrializada  fue en el caso de
España de dos millones y medio de españoles que se vieron forzados a cruzar los
Pirineos en busca de un bienestar que no podían encontrar en su tierra. Sin
embargo este proceso pudo ser revertido cuando la CE resolvió crear un Fondo de
ayuda que permitiera equilibrar las diferencias económicas
entre los países miembros. Esta decisión permitió que los españoles pudieran
regresar con gran beneplácito a su solar nativo.

Nunca o casi nunca el tema de las migraciones ha sido analizado desde
el punto de vista del ser humano persona o de los grupos humanos impulsados a
migrar, cuyo alejamiento forzoso de la tierra natal, de los afectos cotidianos,
de su cultura tradicional agrega un componente dramáticamente doloroso e
injusto.

En nuestro país y en América Latina las  tendencias
migratorias tienen fundamentalmente su origen en la falta de políticas,
espontáneas o inducidas, que  estimulen la permanencia de los habitantes
en sus regiones de origen, ya sea mediante apoyos estatales a la producción
agrícola, a su diversificación o a la generación de fuentes de empleo locales
orientados a la industrialización de dicha producción y a su consiguiente
inserción comercial en los circuitos de distribución internos e
internacionales.

Por el contrario los actuales  procesos agroindustriales
tendientes a la concentración de la tierra y de la producción en pocas
manos  ha acrecentado  la tendencia migratoria hacia los centros
urbanos y es la principal causa de formación de los cordones periurbanos de
indigencia extrema en los que la mayoría de sus habitantes pasan a integrar la
economía sumergida olvidando su dignidad y sus derechos.

Los migrantes han sido siempre, y siguen siendo producto de duras
e injustas  condiciones de vida pero en las que también ocupaban un lugar,
el medio natural que les vio nacer y al que estuvieron ligadas sus primeras
vivencias, los lazos de amistad anudados durante la juventud, los afectos
familiares, el ambiente en que se fue modelando su vida moral, intelectual,
espiritual, sus raíces en definitiva, que nada ni nadie puede reemplazar.
Migrar no solo es renunciar a esas vitales bases espirituales sino imponer a
los que se quedan castigo similar privando a los hijos del fecundo aliento de
los mayores y a los mayores del renovado impulso de los más pequeños. Emigrar
debe ser fundamentalmente una elección individual, personal, meditada y nunca
una huida desesperada hacia un futuro incierto, aleatorio y en la mayor parte
de los casos seguramente no deseado.

En la mayor parte de los foros y reuniones internacionales en que
se debate el problema de las migraciones se suelen tratar los problemas que se
le presentan al inmigrante en el país de acogida.

Su masiva presencia genera en las poblaciones locales
intolerancia, recelo, desprecio, desconfianza y hostilidad ya sea de carácter
cultural o laboral  que suelen convertir al inmigrante en una especie de
“chivo expiatorio” de todas las calamidades que pudieran manifestarse en el
seno de la comunidad. En casi ninguno o creo que ninguno se  destaca lo
inadmisible de tener que aceptar pasiva y compulsivamente  entre dos
únicas opciones, emigrar o perecer o lo que es aún peor perecer emigrando como
sucede en los cayucos que frecuentemente naufragan en las peninsulares costas
del Mediterráneo o en las proximidades de  las islas Canarias.

Crecen el racismo y la xenofobia. Las mayorías se sienten
amenazadas pero las minorías reclaman vivir en esa sociedad en que también se
sienten amenazadas  y para  lograrlo suelen tejer redes de
reciprocidad que reemplazan a cualquier, existente o potencial, política de
acogida. No otra cosa son los centros de residentes, que por país de origen,
región y hasta ciudad o pueblo, proliferan en muchas aglomeraciones urbanas.

En la Federación
Argentina de colectividades (FAC) existen 62 colectividades registradas, de las
cuales un 20% tienen publicaciones propias. Algunas como las bolivianas 
representan a los más de 2 millones de inmigrantes de esa procedencia.

Los
paraguayos  una publicación mensual que según su director “apunta a todo
lo que interesa, afecta y conmueve  a la comunidad paraguaya residente en
la Argentina” Los croatas y los eslovenos, los coreanos, los árabes, los
lituanos también las tienen, sin omitir las más antiguas como el “Buenos 
Aires Herald” y el “Argentinisches Tageblatt, nacidos en 1876 y 1889
respectivamente.

Esta fuerza centrífuga, impulsada por la ilusoria atracción de mejores
niveles de vida, ha venido concentrando en las últimas décadas, ingentes masas
de población en la periferia de los centros urbanos latinoamericanos. Hombres y
mujeres procedentes de los más recónditos lugares de cada país y de los países
vecinos se han desplazado en esperanzada peregrinación hacia las ciudades en
las que las promisorias perspectivas terminan en dolorosas e irreversibles
frustraciones.

Quienes sufren el
amargo síndrome del desarraigo han perdido así uno de los derechos humanos
fundamentales: el derecho a nacer, crecer, vivir, multiplicarse y envejecer en
el propio terruño, valorando el legado de sus antepasados, prestándole
continuidad.

La migración debe ser una elección libre” esa es la UNICA
OPCION aceptable. De otro modo estaremos convalidando la continuidad de un
sistema cuyo único objetivo es la acumulación de ganancias. El capitalismo no
solo genera desequilibrios económicos concentrando la riqueza en pocas manos
sino que destruye las bases mismas de la supervivencia y de la convivencia
humana.

Ni las mejores leyes, derechos y garantías pueden suplantar ni
compensar la aniquilación de uno de los derechos humanos fundamentales, que si
bien ha sido omitido en la Declaración de los Derechos Humanos de las Naciones
Unidas, constituye la base misma de la estructura familiar y social.

Para finalizar con otro relato….

Había una
tribu que desde siempre, de manera ancestral, cuando nacía una niña o niño, un
grupo de la comunidad se retiraba al bosque a meditar, cantar y bailar. Solo
regresaban cuando habían encontrado “la música” que acompañaría durante toda la
vida a ese ser humano recién nacido, que había llegado a la comunidad. Cuando
en el transitar de la vida algún mal lo aquejara o le resultara difícil
resolver un problema, tan solo debería volver al bosque para escuchar “su
música” y así, al recuperar su equilibrio, encontraría la solución a sus males
y problemas. Pero “la música de cada uno” se encuentra tan solo en la tierra
donde enterraron su cordón umbilical, en su lugar de origen
.

Así terminó mi
exposición. Luego sobrevinieron las preguntas, los aportes en general muy ricos
y brillantes. El Derecho al Arraigo comenzó luego a reflejarse en otros
Paneles, Seminarios y hasta pasó a ocupar el punto Nº 11 de la Declaración
Final de la Asamblea de los Movimientos Sociales del IV FSMM, al afirmar que: “Defendemos
el derecho al arraigo como resultado del cumplimiento de los derechos
económicos, sociales, culturales y ambientales, la libre movilidad humana y el
retorno, el derecho a migrar, a no migrar y a no ser desplazados y desplazadas
y el derecho a la paz”.

Cuando en el año 2012 se realice el
V FSMM en Corea del Sur como quedó aprobado, seguramente el Derecho al Arraigo
ocupará un espacio mucho mayor que hasta ahora. No será fruto de la insistencia
del Grito Argentino, sino del amor a nuestra tierra de origen, que todos
llevamos adentro, junto al deseo de recuperar nuestra propia música.

Fuente: Secretaría Grito Continental
Última modificación: 27 de noviembre de 2010 a las 09:18
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